Baja de ahí

El verano ya había terminado. Cuando digo había terminado, quiero decir que faltaban cuatro días para la llegada del otoño, para el 21 de septiembre.
La tarde era buena, los niños ya habían salido de la escuela; las madres, de su casa y un polluelo también había salido de un huevo con pintas grises.
El parque estaba lleno de niños, de niñas. ¿Qué cuántos niños y niñas? Cincuenta y seis.
También había madres y padres. ¿Qué cuántos niños y niñas? Cincuenta y seis. Ya lo he dicho antes.
Una de aquellas madres estaba sentada en un banco. Nadie más en aquel banco de patas de hierro fundido. Una pierna cruzada sobre la otra. La madre leía un libro y de reojo miraba lo que hacía su hijo.
La madre leía y el niño jugaba. ¿A la pelota? No. El niño intentaba encaramarse a una farola.
El niño abrazó el mástil de la farola, se enganchó a ella y comenzó a trepar. Lo había visto en un documental de la tele: unos niños del Tercer Mundo subían por un árbol sin fin buscando algo de futuro.
-Baja de ahí. Si te caes te vas a hacer daño –le advirtió su madre.
Pero el niño no bajó.
Al niño le faltaba un palmo para llegar a la cima de la farola. ¿Y ahora qué? ¿Seguía trepando, bajaba? ¿Se quedaba a vivir allí?
Cuando la madre volvió a repetir: “baja de ahí”, la señora tuvo que alzar la cabeza.
-¿Quieres hacer el favor de bajar? –le reprendió. Sólo le reprendió. Pero siguió leyendo.
El niño ya no estaba en la farola, se agarró a una rama y se encaramó a un árbol próximo. Avanzó por la rama y llegó al tronco. Siguió trepando.
-¡Baja de ahí! –repitió la madre, sin apartar la vista de la página ochenta y dos.
Las cosas vistas desde arriba cambian: las mamás son menos mamás los niños son puntos diminutos, las hormigas ni se ven.
Sólo se escuchaba el rumor de los ángeles cuando el niño trepaba por el lateral de aquella nube con forma de oso de peluche.
-¡Mamá, sube! –gritó el niño desde lo alto de la nube, con los pies colgando.
La madre pasó de página y siguió leyendo:
"Una vez despegada la etiqueta de reenvío, pude ver un matasellos ilegible. Dentro del sobre venían un cheque por valor de cien mil yens, un papel con el nombre de la mujer y su dirección, y la fotografía en blanco y negro de un rebaño de carneros."
"Pero ¿dónde se habrá metido este carnero, quiero decir este hijo?", se preguntó y siguió leyendo como si tal cosa. El niño ya, casi, estaba en el cielo. Azul.

***

"Baja de ahí" es un cuento inédito de Daniel Nesquens.
(...o eso creemos...)